Relatos en la Isla Tintero

Isla Tintero es el lugar donde cualquiera que haya sentido alguna vez la llamada de las palabras debe parar al menos una vez en la vida.

Una muerte altruista: la apoptosis

¡Buenas a todos! Hoy tengo cosas que contaros y después ya, la ciencia. Lo primero es que llevo un tiempo preparando un nuevo blog, que será básicamente la sección “Ciencia para escritores” como hasta ahora. Lo que pasa es que me hacía ilusión tener la ciencia separada del resto y sacarle más brillo, pero todo va a seguir como hasta ahora, y seguiré publicando los domingos.

Sin embargo, editar el blog y todo el proceso me está llevando más de lo que pensaba que me iba a llevar, de hecho, quería tenerlo listo en semana santa y va a ser que no. De cualquier manera, va progresando adecuadamente, así que espero no tardar mucho más. ¡Gracias por tener paciencia, mis queridos lectores!


Y bueno, al lío. Hoy os quería hablar de la apoptosis o muerte celular programada porque, en mi opinión, es uno de los procesos biológicos más inspiradores que existen. Sí, como lo oís, yo ya he creado algunos relatos basándome en ella.

Pero empecemos por el principio. Como sabéis, nuestros cuerpos están formados por células, muchos millones de células. Pero lejos de ser una masa de bolitas apiladas unas encima de otras, nuestras células están muy muy especializadas para hacer una función concreta, y por eso mismo tienen formas muy diferentes. ¿En qué se parecen una neurona y un adipocito?¿Y una célula muscular y una epitelial?

Sin embargo, todas las células vienen por sucesivas divisiones de una sola: la formada cuando el espermatozoide fecundó al óvulo. Entonces, si todas las células tienen el mismo DNA, ¿cómo es que son tan diferentes? Bueno, el DNA no son solo genes puestos unos detrás de otros, sino que está muy regulado para expresar solo los genes necesarios en cada momento. Y claro, esto hace referencia al tiempo (no crece igual una célula cuando eres un feto que cuando eres un adulto) pero también a la localización: en cada célula se acaban expresando genes diferentes según la función.

A veces me gusta pensar en nuestras células como una comunidad que trabajan juntas para conseguir un fin último, que en su caso es que vivamos. Tampoco es que esto sea la definición más exacta del mundo, pero bueno, todos pecamos alguna vez. El caso es que es evidente que las células del cuerpo trabajan muy coordinadas. No tiene sentido tener a las unas sin las otras y es fácil que cuando algo falle, enseguida afecte a lo demás. Por ejemplo, algunas enfermedades en las que no puedes digerir un tipo de azúcar pueden afectar a la vista.

¿Y qué tiene que ver la muerte en todo esto? Bueno, uno de los pilares de este buen funcionamiento de las células en conjunto es que tiene que existir un momento de muerte. La mayoría de las células no están con nosotros durante toda nuestra vida, sino que se dividen y más adelante, se mueren. Y además, cuantas más divisiones sufren las células más estropeado se queda el DNA, así que tampoco nos conviene que se estén dividiendo para siempre.

Por eso, para garantizar el orden y el concierto dentro del cuerpo, las células tienen implementado en sus genes un mecanismo que les hará morir cuando sea necesario: la apoptosis. Esta muerte celular programada es muy importante, porque controla las divisiones y el crecimiento de la célula, pero también es el primero que se pone en marcha cuando la célula está dañada para evitar bien que el daño vaya a más o se contagie a otras células (esto no siempre funciona perfectamente, es evidente, pero bueno, se intenta).

La apoptosis siempre se ha considerado una muerte altruista, porque la célula “se suicida” (y lo pongo entre comillas porque las células son células y no tienen conciencia para suicidarse o no) en favor de sus compañeras y del cuerpo. Si las células no hicieran la apoptosis, nuestro cuerpo sería un descontrol. No hay más que ver que cuando falla se produce el cáncer en muchas ocasiones (las células se dividen descontroladamente).

Para que se produzca la apoptosis, la célula primero debe recibir una señal de muerte, que puede tener distintos orígenes. Por un lado, pueden ser externos a la célula, por ejemplo, la unión de alguna molécula, ausencia de hormonas… Por otro, pueden ser internos, como  daño en el DNA, demasiada oxidación, etc. Son señales de que o bien le ha llegado su hora, o bien algo no está funcionando correctamente.

Una vez que la célula recibe esta señal, tiene que decidir si hace caso y empieza la apoptosis o si pasa de todo y sobrevive, donde son muy importantes las mitocondrias. Suponemos que la célula decide morir, porque si no, no sería la apoptosis. Entonces, la célula pone en marcha unos procesos que degradan las proteínas y el DNA, así, consiguen que la célula no pueda volver a realizar su función ni a dividirse nunca.

Pero la apoptosis no se hace a lo loco, para nada. Es un proceso ordenado con varias fases: va disminuyendo el volumen celular, se condensa el DNA, hay cambios en la membrana, después se fragmenta el DNA…etc. Pero una de las cosas que más me impresiona es que durante la apoptosis, algunos componentes de la membrana celular que normalmente están mirando hacia dentro se dan la vuelta y salen al exterior. Esto es una señal que le dice a todo el mundo “¡Eh, mírame!¡Estoy en apoptosis!”

Esto no es por fardar sino que estas señales atraen a macrófagos, células del sistema inmune que se comen a la célula en apoptosis. Así, el cadáver no se queda flotando por ahí, sino que es como si no hubiera pasado nada.

apoptosis bueno.gif

Proceso de apoptosis. Mirad al final como se las comen.

Las células no solo mueren por apoptosis, sino que muchas de ellas lo hacen también por necrosis, que es una muerte patológica, es decir, lo causa un agente externo que daña la célula de forma irreversible. Por ejemplo, cuando al corazón no llega sangre suficiente porque se ha bloqueado una arteria, nosotros decimos que ha habido un infarto y esto ocurre porque las células se empiezan a necrosar por no tener sangre. Pero esta muerte es accidental, por decirlo de alguna manera, equivalente a que te peguen un balazo o te tiren desde un tejado. Nada que ver con algo programado, y menos altruista.


La verdad es que si os paráis a pensarlo, se trata de un proceso tan complejo y bien orquestado que es imposible no maravillarse. Igual que es imposible no maravillarse si se piensa en lo que supone, si se pone su papel en el increíble equilibrio del cuerpo.

Y claro, si he dicho antes que es inspiradora es porque simplemente tenéis que imaginar qué pasaría si las personas tuviéramos una suerte de apoptosis. Un mecanismo que nos hiciera morir a los 60, a los 75 o cuando fuera que estuviéramos enfermos y no pudiéramos curarnos. Imaginad cómo se llevaría a cabo este suicidio: hay mil maneras, pero siempre de forma ordenada, sin dramas, cadáveres bien recogidos y normalidad absoluta.

Imaginad una sociedad en la que la muerte es necesaria, y las personas se suicidan sabiendo que es por el bien de sus compañeras y por un fin último superior. Donde las personas evitan morir accidentalmente a toda costa (necrosis) pero saben que su apoptosis está prácticamente señalada en el calendario.

Imaginad una sociedad donde la muerte no solo es necesaria, sino obligatoria. Donde las personas que no mueren se convierten en un peligro real para el resto y podrían dar al traste con la sociedad al completo, con todo lo conocido. Donde cualquier signo de rebeldía debe ser perseguido y aplastado porque podría tener consecuencias devastadoras.

A veces creo que nuestro cuerpo da mucho más juego del que pensamos. ¿O no?

Resultado de imagen de dystopia

La distopía celular.


Y esto ha sido todo por ahora. El próximo domingo nos vemos, si no aquí, en el blog nuevo. Os mantendré informados. Y recordad, si os ha gustado la entrada no olvidéis compartir en redes y dejarme un comentario.

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2 comentarios el “Una muerte altruista: la apoptosis

  1. Pablo Ferradas
    mayo 1, 2017

    Pues… sí existen sociedades así, o por lo menos lo existieron. Recuerdo haber leído acerca de algunas culturas (¿nórdicas? ¿esquimales?) en las que los ancianos cogían sus armas y abandonaban el cálido hogar para perderse en la ventisca y no ser una boca mas que alimentar… Muy “apoptósico” todo.

    Gran artículo ;).

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    • soyperry
      mayo 1, 2017

      Ahora que lo dices, es cierto, me suena también de los esquimales. No caí en su momento 😄 ¡Muchas gracias por la aportación!

      Me gusta

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Esta entrada fue publicada en abril 23, 2017 por en Ciencia para escritores y etiquetada con , .

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