Relatos en la Isla Tintero

Isla Tintero es el lugar donde cualquiera que haya sentido alguna vez la llamada de las palabras debe parar al menos una vez en la vida.

Primer relato finalista: Alto secreto

La lectura del siguiente documento solo está permitida a personal con rango D o superior. En caso de no tener acceso al nivel de seguridad requerido, su lectura incumple el decreto 143/2007,penalizado con hasta treinta años de cárcel, tal y como se recoge en la ley de Seguridad ACD/1619/2003.

  • Expediente 66.035
  • Documento creado el 25 de octubre de 2016
  • Investigador principal: R. Gardner
  • Rango de seguridad: E
  • División: –
  • Comité para la Investigación de las Afirmaciones de lo Paranormal

Transcripción de la grabación 002 obtenida el 22 de octubre de 2016. Los nombres han sido sustituidos para conservar el nivel de seguridad:

Por favor, diga su nombre completo.

Frances Griffiths.

Muy bien, Frances. Vamos a proceder a repasar los hechos acontecidos desde la noche del veinte de septiembre. Quiero que me cuente exactamente qué es lo que ha ocurrido con el mayor lujo de detalles.

¿Desde el principio? ¿Otra vez?

Sí, otra vez. Esta vez es para que quede registrado. Venía en los documentos que acaba de firmar, ¿recuerda? Como le ha debido explicar mi compañero, no podrá divulgar ninguno de los hechos registrados en esta grabación. Será la última vez que podrá pronunciar estas palabras si no quiere que tomemos medidas.

Lo sé, lo sé. Disculpe, aún estoy un poco aturdida por todo lo que ha pasado. Me han prometido que después de esto recuperaré a Elsie, ¿verdad?

Así, es. Por favor, empiece.

Está bien.

El sábado del veinte de septiembre, Elsie se despertó en mitad de la noche. Vino hasta nuestra habitación y nos despertó a Ed y a mí. Estaba muy asustada; recuerdo que cuando la cogí en brazos el corazón le iba a mil por hora. Decía que había un monstruo bajo su cama. Yo pensé que era una simple pesadilla.

Para tranquilizarla, Ed la acompañó de vuelta a su habitación. A mí no me importaba que durmiera esa noche con nosotros, solo tiene trece años, pero Ed insistió en que tenía que aprender a ser mayor y enfrentarse a sus miedos. Se metió debajo de la cama para demostrarle a Elsie que no tenía nada que temer. Mi niña temblaba de pies a cabeza. No había nada bajo la cama, como era de esperar, así que la acostamos de nuevo y nos despreocupamos hasta el día siguiente.

Por la mañana, Elsie nos pidió la cámara. Se empeñaba en que algo peludo se escondía por las noches en su habitación y, como ni Ed ni yo la habíamos creído, quería intentar sacarle una foto. Ed se negó en rotundo: «la cámara no es un juguete». Logré convencerlo de que dejársela sería lo mejor:ella vería que la cámara no grababa nada y se convencería de eran solo pesadillas, nada más.

Como es evidente, señor Gardner, Elsie obtuvo su fotografía. Sabía que la cámara no aguantaría toda la noche grabando, así que la programó para que tomase fotos cada quince minutos. Sigo sorprendiéndome con lo rápido que aprenden a manejar las tecnologías los niños. Son como esponjas.

Serían las tres de la madrugada cuando oímos a Elsie gritar. Cuando Ed y yo llegamos a la habitación, estaba de pie sobre la cama, con todo el pelo mojado por las lágrimas. «Es de verdad, es de verdad», me gritaba. Juraba que la había tocado, que una mano había salido de debajo de la cama y había intentado llevársela. Ed ya empezaba a negarlo, le decía que era una inmadura y que tenía que dejar de tener miedo a la oscuridad. Elsie se limpió las lágrimas con la camiseta del pijama y salió corriendo hacia la cámara. Cuando nos mostró la pantalla se veía claramente: un brazo alargado y cubierto de pelos surgía de debajo de la cama en dirección a mi hija. [FOTOGRAFÍA 001 – ANEXO].

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Por un segundo sentí que el mundo se movía bajo mis pies. Aunque no me dio mucho tiempo a reaccionar. Ed empezó a burlarse de ella. ¿Cómo se había atrevido a engañarnos? Estaba empeñado en que Elsie quería mentirle y, cogiendo el orangután de peluche que le regalamos las navidades pasadas, dejó bien claro cómo podría haber falsificado la fotografía. Elsie gritaba enfadada: «no soy ninguna mentirosa, ¡yo no miento!». Ed se puso serio, le pidió que dijese la verdad si no quería que la castigase, pero Elsie seguía afirmando que no había mentido en nada. Le pedí que se calmara, que no le hablase de aquella forma a la niña.

¿Su marido acostumbraba a pegarle a su hija?

¡¿Qué?! No, por dios. Reconozco que Ed no es el mejor hombre del mundo, tiene temperamento, pero jamás le ha levantado la mano a mi hija. Le hubiese cortado los huevos a él o a cualquiera que se atreviese a hacer daño a mi hija.

Tranquilice el tono, Frances. No querrá que eso sea considerado una amenaza.

Mi marido jamás le ha puesto la mano encima a Elsie. Solo se burló de ella. Incluso se metió bajo la camafingiendo ser el monstruo. Discutimos bastante cuando al fin Elsie consiguió dormirse otra vez. Había sido demasiado cruel, pero no pasó de ahí.

Las noches siguientes fueron horribles. Cada mañana nos despertábamos con una sorpresa nueva. La primera noche solo fue un par de cuadros caídos. Pensamos que había sido algún gato que se habría colado en la casa o el viento si nos habíamos dejado alguna ventana abierta; no le dimos importancia.

¿Fue entonces cuando Elsie realizó la segunda fotografía?

Unos días más tarde.

La noche anterior nos despertamos por el ruido de una ventana rota. Alguien había lanzado una piedra por el cristal y había destrozado todo el ventanal del salón. Elsie también se había despertado. Cuando bajamos, no vimos ningún trozo de cristal en la alfombra: la ventana se había roto desde dentro. Elsie dijo que había sido el monstruo de debajo de su cama, que se había enfadado. Ed la culpó a ella.

Si su hija jamás miente, ¿por qué no la creyó?

Yo conozco a mi hija y sé que no es mala niña. Jamás había roto nada y no entendía por qué su comportamiento había cambiado tanto. Pero pensar que había sido ella quien había roto la ventana era la opción más lógica.

Después de aquello Elsie decidió coger la cámara a escondidas y consiguió la imagen que dices. Nos la enseñó en cuanto llegamos a la cocina. Era de noche y el suelo estaba bañado de platos y vasos rotos. Elsie estaba en la puerta de la cocina con la cámara fotos en la mano. Ed empezó a gritarle antes incluso de ver lo que había pasado. Lo aparté como pude y me interpuse, ya se había pasado una vez con la niña, no iba a dejar que lo hiciera otra vez. Elsie se agarró a mí con toda la fuerza que podía, me salieron dos moratones en las piernas después de aquello, pero no le di importancia.

Cuando Ed dejó de gritar, Elsie le enseñó la foto. Se veía perfectamente la figura de un ser extraño. Tenía los brazos demasiado largos, el pelo gris le cubría todo el cuerpo, incluso las palmas de las manos. [FOTOGRAFÍA 002 – ANEXO] Lo único que parecía no estar cubierto de pelo era parte de la cara, de color rojo, y los ojos. Sentí un escalofrío cuando vi los ojos en la fotografía, daban auténtico miedo.

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Pero Ed no creyó que la fotografía fuese real, ¿no?

No, estaba convencido de que Elsie había tirado los vasos y los platos y de que había metido en la memoria de la cámara alguna foto retocada. Ya lo ha hecho otras veces, pero nunca con ese nivel de realismo. Estaba desesperada porque no la creíamos. Supongo que fue eso lo que la empujó a difundirlas por internet. No nos enteramos hasta un par de semanas después de lo que había pasado. De repente todo el mundo tenía las fotos. Me llegaron por WhatsApp un par de veces, aunque por suerte nadie parecía saber dónde se habían tomado. Elsie me mostró a youtubers hablando de ellas, había cuentos de terror basados en esas dos fotos. Ella los llamaba crepyalgo.

Creepypastas.

Eso.

Algunos de los que hablaban de las fotografías las analizaban y decían que eran falsas. Otros miraban los píxeles y no sé qué, y aseguraban que no se había retocado la imagen. Elsie me juraba que había dicho la verdad, que no mentía. Por lo visto había preguntado en foros con diferentes alias y le habían dicho que el ser podía ser un domovoy.

Estaba boquiabierta con todo lo que había hecho; no pensé que se manejase tan bien en internet.

Mientras yo alucinaba, Elsie empezó a decirme que el domovoy es un ser protector, pero que, como Ed se había burlado de él, se había enfadado. Insistía en que teníamos que pedirle perdón para tranquilizarlo. Yo no sabía qué pensar.

Aquella noche, Elsie tenía planteado contárselo todo a Ed para que le pidiese perdón al domovoy. No le dio tiempo a decirle nada: en la televisión, en ese programa que siempre hablan de cosas paranormales, salieron nuestras fotografías. Las daban por ciertas después de varios análisis por expertos y hablaban de seres que habitaban en las casas.

Siempre tiene que aparecer un Conan Doyle que meta la pata, divulgue el contenido y nos dificulte el trabajo.

¿Perdón?

Nada. Sólo pensaba en las similitudes con el caso Cottingley. Por favor, continúe.

Ed se puso hecho una furia. Cogió a Elsie por los hombros y empezó a gritarle. Me quedé estupefacta, en estado de shock. La palabra domovoy también había salido en el programa y por alguna razón mi cuerpo no reaccionaba. Cuando Ed pegó el puñetazo en la mesa volví en mí. Corrí hacia ellos y le quité a Elsie de las manos. Le pedí que se calmara, que escuchara a Elsie por una vez. Se echó a reír. «¿Es que tú te crees todas esas tonterías?», me dijo. Se puso muy agresivo, como no lo había visto nunca. Tiró un vaso que se hizo añicos. Me negué a quedarme allí y a hablar con él en esa situación, cogí a Elsie y subí corriendo las escaleras dispuesta a encerrarme con ella en la habitación.

Esperaba que Ed nos siguiese, así que iba rápido. Cuando llegué al primer piso, los gritos de Ed desaparecieron. Se oyó un buen golpe y luego un ruido extraño. Volví asustada al salón. Ed había desaparecido.

¿Había algún tipo de huella o marca? ¿Algún indicio de lo que había pasado?

No, nada. Ni sangre ni huellas ni nada. Elsie decía que había sido el domovoy para protegernos. Fue entonces cuando de verdad me di cuenta del problema de aquella situación.

Decidí ponerme en contacto con los del programa de televisión. Perdí más de una hora el día siguiente intentando hablar con alguien que fuese medianamente importante. Me iban pasado de unos a otros, sin saber exactamente qué podían hacer. Al fin parecía que un redactor interesado se ponía en contacto conmigo. Sus condiciones fueron claras: mandarían a alguien para ayudarnos a cambio de más fotos del domovoy. Le daba igual si eran reales o no: «Ingénieselas como pueda para conseguir más fotos, pero consígalas».

Yo no sabía qué hacer, pero Elsie se sentía muy tranquila. Aseguraba que sabía cómo atraer al domovoy: «solo tenemos que demostrarle que respetamos la casa». Esa noche le preparamos leche caliente con galletas. Me sentí ridícula dejando aquello preparado en mitad del salón, como la noche de Navidad pero sin Santa Claus. Apenas pegué ojo, abrazada a mi hija y escuchando cómo algo se movía por la planta baja de la casa.

La noche siguiente, yo dormiría en la habitación de Elsie, mientras ella se encerraba en mi habitación. Le prohibí salir hasta que yo le diese permiso. Iba a intentar sacarle alguna foto.

Me senté en la cama de mi hija y apoyé la cámara a mi lado. A los pies puse un vaso de leche y galletas. Estaba nerviosa, tenía miedo.

Miraba atenta las galletas y la leche, así que no me esperaba que nadie me tocase por detrás. Cuando sentí aquella mano peluda sobre mi pie, pegué un grito que rápidamente reprimí. No quería asustar a Elsie y que saliese de su habitación.

El domovoy me miraba atento. De pie, junto a la cama. Sus ojos amarillos parecían brillar. Olía a hojas podridas y hacía un extraño ruido, como si estuviese masticando algo continuamente. Yo me tapaba la boca intentando no gritar con todas mis fuerzas. Rezando para que la cámara fuese capaz de captar la fotografía en aquel momento.

Con suavidad, me incliné y cogí una galleta del suelo. Trataba de moverme muy lenta para no asustarlo, para no alterarlo. Le tendí la galleta y le sonreí como pude. Las lágrimas se me agolpaban en los ojos del miedo. Mantenía la mano fija en mi pie, podía notarla fuerte y húmeda, agarrándome por el tobillo. Con la otra mano agarró la galleta.

Con cuidado cogí la cámara que tenía a mi espalda. Traté de ser rápida, así que puse la cámara ante mí y pulsé el botón. El flash me cegó un segundo.[FOTOGRAFÍA 003 – ANEXO] El grito que había intentado contener salió disparado de mi garganta. Intenté zafarme de la garra que me apresaba, pero no había forma. El domovoy no se inmutó por la foto y empezó a tirar de mí con aquella sonrisa siniestra. Tenía medio cuerpo manchado con migajas de galletas.

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La puerta se abrió de repente. Elsie se había asustado al haberme escuchado gritar y había venido a ver qué había pasado. El cepo de mi pierna se soltó. Me di cuenta demasiado tarde de lo que iba a hacer aquel ser. En apenas unos segundos el monstruo se lanzó sobre Elsie. Yo salté de la cama a la entrada, pero él fue más rápido. Los vi desaparecer escaleras abajo. Mi hija me llamaba a gritos.

La puerta sonó justo en ese momento. Pensé que sería algún vecino que vendría a quejarse del ruido, así que lo ignoré y continué persiguiendo los gritos de mi hija hacia la cocina. Cuando estaba llegando a la planta principal, la puerta se abrió sola y sus tropas entraron en mi casa.

No me detuve a mirar, continué corriendo. La puerta del sótano estaba abierta, así que supuse que el monstruo se había llevado a mi hija hacia abajo. Tras de mí, otros cuatro hombres armados corrían dirección a la cocina y al sótano. También se escuchaban pisadas de alguien subiendo al piso superior.

Intenté encender la luz del sótano tirando de la cadena, pero estaba fundida. De todas formas, los que me seguían llevaban linternas. Una mujer me pidió que me apartase y que subiese, pero la ignoré. Creo que ninguna madre que aprecie a su hijo dejaría de buscarlo en una situación así.

El silencio del sótano me asfixiaba. Grité el nombre de Elsie esperando una respuesta. Uno de los soldados me agarró del hombro intentando apartarme, pero justo en ese instante escuché a Elsie llamarme. Su voz sonaba amortiguada y supe exactamente dónde estaba. Empecé a apartar muebles y trastos hasta dar con la pared. Cuando compramos la casa habíamos tapiado aquel acceso a la caldera vieja del edificio, así que no tenía puerta por la que entrar, pero si mi hija estaba dentro, algún tipo de agujero en la pared tendría que haber. Escuché un disparo a mi espalda que se clavó apenas unos centímetros a mi derecha.

«No se lo repetiré, señora». La mujer me apuntaba con el arma, decidida. El chico a su derecha avisó: «los tengo a tiro». No soy estúpida, reconozco unas gafas raras cuando las veo y he visto muchas series de televisión. Supuse que era una cámara térmica y que aquel hombre estaba apuntando directo a mi hija. Intenté explicarles que Elsie estaba allí, pero no me escucharon. Por lo que tomé una decisión.

Agredió a un agente de la Organización.

No. Lo que hice fue tirarle una lámpara vieja para que no disparase. Defendí a mi hija. Me tiré al suelo en cuanto lancé la lámpara. Escuché el disparo clavándose en algún punto del techo. Justo como había supuesto, un hueco en la pared permitía el paso. Me arrastré como pude hacia el interior. Aquel sitio apestaba a agua estancada. Por todos lados había ropa rota y objetos que habíamos dado por perdidos en la casa. El domovoy se encaró conmigo, dispuesto a lanzarme un plato medio roto. Pero Elsie gritó y el monstruo simplemente se quedó mirándome.

A mi espalda, un sonido metálico chasqueó tras la pared. Por inercia miré hacia atrás. El domovoy me agarró de la pierna, me hizo caer al suelo y me arrastró hacia la esquina donde estaba Elsie. Pensé que iba a matarnos cuando se lanzó sobre nosotras, pero no.

Nos estaba protegiendo.

Y yo me di cuenta demasiado tarde.

La explosión reventó la pared y los ladrillos salieron despedidos hacia nosotros. Elsie salió ilesa. A mí me dio uno en la cabeza y perdí el conocimiento.

¿Por qué cree que el domovoy las protegía?

Me lo había dicho Elsie: son espíritus protectores. Cuando su padre la había atacado, lo quitó de en medio; cuando se dio cuenta de que tu gente rodeaba el edificio intentó avisarme, pero como no me di cuenta, cogió a Elsie y se la llevó al sótano. Aquel monstruo solo quería proteger a mi hija.

Entiendo que piense eso, pero, Frances, mató a tu marido.

Lo sé. Pero Ed no era buena persona. Usted lo sabe, señor Gardner. ¿Por qué si no iba a preguntarme si le pega regularmente a mi hija? Habrá visto mi informe médico, mis múltiples…caídas en la bañera. No, aquel ser hizo todo aquello para protegerla.

Los tratamientos médicos no forman parte de mi trabajo. Yo sólo me encargo de los testimonios y de que lo que diga al salir de aquí esté de acuerdo con los deseos de la Organización. ¿Sabe lo que va a hacer a partir de mañana cuando recupere a su hija?

Volveremos a casa. Celebraremos el entierro de Ed y diremos a la familia y a los amigos que murió en un accidente doméstico causado por una inoportuna explosión de la caldera.

Si nos preguntan por las fotografías, diremos que son un montaje y que todo fue una simple broma de Elsie. No mencionaremos jamás a la Organización. Por lo que a mí respecta, el Comité para la Investigación de Afirmaciones Paranormales solo estudia los casos para demostrar que son una farsa, no para mentir a la población.

No mentimos a la población. La protegemos.

A mí no me engañe, señor Gardner. La que miente por ustedes soy yo.

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Un comentario el “Primer relato finalista: Alto secreto

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Esta entrada fue publicada en febrero 2, 2017 por en escribir, relato ilustrado y etiquetada con , .

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