Relatos en la Isla Tintero

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Reseña científica: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

¡Buenas a todos! Sigo con las reseñas científicas y hoy os traigo uno de esos clasicazos de la ciencia ficción: “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” (también conocida como Blade Runner). Creo que puedo decir sin temor a equivocarme, que el que haya leído el libro podría sacar una tesis doctoral entera reseñándolo al margen de la ciencia. Así que si no lo habéis leído… CORRED INSENSATOS.

A lo que voy. Este libro trata la vida en un futuro no muy lejano (indudablemente, más cercano para nosotros que para el autor, pero bueno) donde la gente viaja a Marte para escapar de la radiación y donde conviven con androides como sirvientes. Sobre todo se centra en la psicología humana, con la ciencia más como un telón de fondo (no creo que nadie la denominara ciencia ficción dura, sino que más bien es una distopía), pero aún así, hay bastantes aspectos que analizar.

En esta entrada os hablaré de ellos, pero tenéis que tener en cuenta que, al contrario que la última reseña que escribí, aquí el tiempo sí supone un problema. “Traición en el Gran Consejo” está escrito en la actualidad y ambientado en un futuro muy lejano. Sin embargo, Blade Runner fue escrito a finales de los 70 y la trama ocurre en un futuro no tan lejano, con lo que directamente podríamos dedicarnos a señalar los fallos del autor.

Aún así, yo veo más productivo ver lo que podría ser y no ser posible aunque tuviéramos que poner más años de por medio. Así, cualquiera que esté pensando en escribir algo del estilo, ya tiene una pequeña guía.

portada

  • Título: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Blade Runner
  • Autor: Philip K. Dick
  • Año: 1968
  • Enlace en amazon aquí

Viaje y colonización de Marte

La novela tiene lugar en la Tierra, pero se ha convertido en un planeta en el que nadie quiere vivir. Debido a la radicación, entre otras cosas (tampoco se especifica demasiado), nuestro planeta no solo es un lugar sucio y contaminado, sino también peligroso. Por ello, todos los que pueden viajan a Marte, donde se ha construido una colonia en la que los humanos viven sin temor a que la radiación les convierta en mutantes.

Por eso, lo primero que quiero examinar es si los humanos podríamos llegar a vivir en Marte. A estas alturas de la película, yo no sería la primera en afirmarlo ni en negarlo, ya que hay opiniones para todos los gustos, lo que parece obvio es que eso está lejos.

Para empezar, los humanos ni siquiera hemos pisado Marte. Sí que se han llevado sondas y robots para explorarlo, pero parece que una nave tripulada es demasiado costoso. Es probable que si se destinaran todos los recursos de la NASA a construir una nave que llevara humanos a Marte, se pudiera conseguir en un plazo de tiempo razonable, pero de momento es algo que no se ha intentado.

Un problema sería la duración del viaje, ya que se calcula que duraría unos 200-220 días (solo el viaje de ida, con otros tantos de vuelta). Así, el viaje total acabaría durando unos 15 o 16 meses, lo cual es bastante para las personas (generalmente en misiones solas pasan unos pocos meses, según he estado leyendo).

Sin embargo, estos viajes se harían de forma más rápida utilizando otro tipo de motores. Ya os hablé hace tiempo de la antimateria, el combustible que nos permitiría llegar a Marte más rápido que a la casa del pueblo. Pero como la antimateria no es algo que se vaya a conseguir pronto, tenemos que pensar en otras alternativas.

Una de ellas es el motor VASIMR (motor de magnetoplasma de impulso específico variable), que aún no está terminado, y sobre el que podéis leer aquí y aquí. Para no extenderme mucho, diré que este motor funciona con gases en forma de plasma que permitirían propulsar las naves espaciales de forma más barata y eficaz. Se plantea que al principio sirva como apoyo a los lanzamientos y al transporte en el espacio, pero con el desarrollo necesario, los creadores creen que podría servir perfectamente para llevar misiones tripuladas a Marte.

Si bien ya os he dicho que no está terminado, los creadores dicen que las pruebas podrían empezar en unos 3 años. Siendo pesimistas, quizás dentro de 20 ya sirva para su propósito, y si lo pensamos, eso estás a la vuelta de la esquina (por cierto, otro día quería hablaros de los planes de Elon Musk y de Mars One).

Otro problema que se nos plantea es que, si queremos establecer colonias en Marte, no solo van a viajar astronautas entrenados y con un excelente estado de salud, sino que viajará todo tipo de gente, niños incluidos. Por tanto, no basta con fabricar una nave que nos lleve a Marte, sino que hay que hacer un crucero espacial con todo tipo de comodidades, lo que sin duda llevará bastante más tiempo. Sin embargo, si ahora mismo podemos viajar en avión a Rumanía por menos de 50€, estoy segura de que es cuestión de tiempo que aparezca Ryanspace o algo así.

Seguimos con Marte, y es que una vez que hayamos llegado ahí en nuestra cómoda nave no vamos a volvernos a la Tierra, sino que nos quedaremos en la colonia permanente que han montado. Y eso, en mi opinión, es un poco más difícil que construir una nave espacial, porque no basta solo con construir un puñado de edificios y un parque infantil a la vuelta de la esquina.

Pensad en todo lo que nos hace falta de normal: agua, comida, oxígeno, protección contra las radiaciones peligrosas del Sol, espacio para vivir, wifi…etc. Para que tengamos esto y todas las demás cosas en las que no hemos pensado, hacen falta infraestructuras, y eso no surge así como así.

Antes de que los humanos podamos irnos a vivir a la Luna, han tenido que llegar equipos de especialistas que hayan dedicado mucho tiempo a construir ciudades habitables. Claro está, diréis, se puede empezar construyendo pueblos e irlos aumentando poco a poco.

Debido a que Marte no tiene un campo magnético como el de la Tierra, sus temperaturas son bajísimas y su atmósféra es, a efectos fisiológicos, como un vacío, no podríamos estar en la superficie más de un minuto. Así que necesitaríamos estar viviendo en hábitats artificiales, como si estuviéramos debajo de campanas con su propia atmósfera y que a la vez nos protegiera de la radiación y de las bajas temperaturas.

Eso solo para que no muriéramos al llegar, pero también nos haría falta un enorme sistema para reutilizar el agua (o encontrar alguna forma de obtenerla), así como algo para conseguir comida. Lo más fácil sería llevar comida liofilizada desde la Tierra, pero creo que lo ideal a la larga sería poder cultivar, por lo menos una parte (como en el libro “El marciano”.)

El caso es que esto, imposible no es, pero sí es muy difícil en un futuro cercano. Quizás si previéramos que se acerca un desastre a la Tierra y que la única escapatoria que tenemos es viajar a Marte se podría hacer. La idea sería que todos los países uniesen fuerzas y dedicasen sus recursos y sus mejores cerebros para conseguir colonizar Marte.

Hace tiempo ya dije que quería hacer una entrada sobre lo que planea Elon Musk de viajar a Marte, pero este también es un buen momento para hablar de ello. Pero para no spoilearme a mí misma (en el caso de que algún día llegue a escribirlo, claro) solo diré que la conclusión general que puede sacarse de todo esto es que la cosa cambia mucho dependiendo del interés que tengan los gobiernos por el objetivo. Es decir, la tecnología en sí no es inalcanzable, pero se necesita mucha implicación y mucho esfuerzo que está lejos de ocurrir.

En resumen, el viaje y la colonización de Marte no me parecen cosas irrealizables, pero creo que haría falta bien mucho tiempo, o bien un detonante que hiciera que los gobiernos centraran su atención en eso. En el caso de Blade Runner es má bien lo segundo, ya que os he explicado que ha habido algún tipo de desastre en la Tierra que la hace peligrosa para sus habitantes.

Androides

Ahora vamos al tema principal de la novela. Mientras que lo de Marte es un simple fondo, los androides son casi protagonistas, porque el trabajo de Rick Deckard, nuestro protagonista, es precisamente matarlos.

A ver, a ver, calma, no matarlos porque sí. Os pongo en situación: cuando la Tierra se volvió peligrosa se animó a sus habitantes a emigrar a Marte, y como incentivo, se les daba un androide como sirviente. Pero algunos de ellos escapan de sus dueños y viajan a la Tierra, donde hay “cazadores de bonificaciones” que se encargan de retirarlos, es decir, de matarlos. Esto no lo hacen por su cuenta, sino que forman parte de un cuerpo organizado cuya tarea es impedir que haya androides sueltos por ahí.

Estos androides son increíblemente realistas, y la única forma de distinguirlos de un humano es con un Test de Empatía (ya que se supone que los androides no pueden sentirla). Eso sí, tienen deseos, emociones, sueños… como cualquier humano, y precisamente por eso huyen de Marte, para llevar una vida que no sea de sirvientes.

Sinceramente, creo que los androides así están bastante más lejos que el viaje a Marte. En primer lugar, hay que tener en cuenta lo parecidos que son físicamente a los humanos, tanto que es imposible distinguirlos a simple vista. Aún falta mucha ingeniería de tejidos para hacer algo así, requiere muchísimo control de las células. No es crear un ser humano, eso se crea solo. Es crear los tejidos necesarios y organizarlos para darle forma humana a un ordenador.

Algo casi igual de complicado sería hacer androides tan avanzados. Vuelvo a repetir que son humanos a casi todos los efectos. Alguna vez he hablado en este blog de robots, y ha sido siempre para decir que apenas pueden hacer tareas que requieran razonar, crear, planificar… Estos robots son tan inteligentes como cualquiera de nosotros, si no más. Sin embargo, ahora mismo estamos muy lejos de que un robot pueda tomar la decisión de marcharse de la Tierra, y tampoco me parece realista que tal cosa exista.

Me explico, si somos capaces de darle emociones a una máquina ¿no seríamos capaces de programar amor por sus dueños? Así nos aseguramos no solo de que no huya, sino también de que no les ataque ni nada parecido. En la novela, da continuamente la impresión de que el tema de los androides se les ha ido de las manos, como si se hubieran topado con ese tipo de tecnología por error y no hubieran sabido mejorarla o sacarle partido.

Esto último podría ocurrir. Cada vez son más las voces que dicen que estamos jugando a ser Dios y que, cualquier día, nuestras creaciones tomarán el control. Yo nunca he hecho mucho caso porque tiendo a confiar en los científicos (y por que sé que la mayoría de las cosas nunca se hacen al azar “para ver qué pasa”), pero vaya, que es una posibilidad -remota- que explorar en una novela de ciencia ficción.

Hablando todavía de robots, os animo que investiguéis un poco los modelos que existen en el mercado, que son muy rudimentarios. Están diseñados para hacer tareas específicas y no todo a la vez, aunque bueno, por algo se empieza. Sin embargo, muchos de los que se han diseñado actualmente para ayudar a los humanos no son antropomorfos en absoluto.

El cuerpo humano está bien, claro, pero puestos a diseñar un sirviente a nuestro gusto… podríamos hacerlo mucho más funcional. Por ejemplo, si nos va a ayudar en la cocina ¿no sería mejor que tuviera varios brazos con instrumentos incorporados y un microondas en la barriga? En lugar de crear a un pseudohumano para complacer todas tus necesidades, una solución más fácil y barata es crear diferentes robots para diferentes tareas. Estoy segura de que son más útiles y de que dan menos problemas.

Creo que en la época que Philip K. Dick escribió esta novela, los androides formaban parte todavía de un futuro muy lejano, pero han pasado casi 50 años y ahora tenemos una visión que él nunca tuvo. Pienso que ese concepto de androides que imitan todas las características de los humanos ya está pasado de moda, porque realmente lo que nos interesa no es que sean nuestros iguales, es que trabajan para nosotros. Por tanto, y me arriesgo a equivocarme, no creo que nunca vayamos a tener androides así.

De nuevo, vuelvo a hablar de los problemas éticos, aunque tras leer la novela no necesitas que nadie te diga nada. Es evidente que los androides sienten y tienen sus deseos y es obvio que sus deseos no son servirnos. Por ello, queda claro que son nuestros esclavos. Así que, sinceramente, creo que este aspecto de la novela hoy en día patina un poco. No creo que ningún gobierno vaya a regalar esclavos felizmente pudiendo regalar aspiradoras o sillones de masaje.

En resumen, opino que esto de los androides se le ha ido un poco de las manos. Sobre todo, la visión que tiene él acerca de cómo se iba a enfocar la creación de androides es muy diferente a la que tenemos hoy en día. Que las cosas pueden cambiar, que igual mañana se le cruzan los cables a algún millonario y de pronto se ponen de moda estos androides. Pero no creo, simplemente no me parece realista y os recomiendo que si vais a meter robots en vuestra novela futurista, penséis antes en el enfoque.


En conclusión, esta historia se podría considerar de ciencia ficción blanda, ya que la ciencia no es el tema central de la novela y ni siquiera es totalmente realista. Me han quedado cosas en el tintero todavía, como los coches aéreos (probables) y acerca de los animales, pero no quería extenderme hacia el infinito, así que he analizado lo que me parecía más importante.

Si os gustan las distopías, os recomiendo esta novela encarecidamente, porque se centra mucho en la psicología de la gente, toca temas de religión, de relaciones en grupo, de empatía con los androides… Y qué decir del órgano Penfield (tengo pendiente una entrada sobre ese tema SE ME ACUMULAN LAS ENTRADAS, LO SÉ).

Si ya os la habéis leído, me encantaría que me dejarais en comentarios vuestra opinión, a ver si estáis de acuerdo conmigo o consideráis que se me ha ido la pelota por completo. Y ya si compartís, os querré.

¡Ah! Y dadle caña al relato del concurso, que quedan dos semanas 😀

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2 comentarios el “Reseña científica: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

  1. Carmelo Beltrán Martínez
    octubre 10, 2016

    Lo leí hace muchísimo tiempo y con la forma en la que lo has desgranado quiero volver a disfrutarlo.

    A ver si lo encuentro por mis estanterías ^^

    Me gusta

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Esta entrada fue publicada el octubre 9, 2016 por en Reseñas científicas.

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