Relatos en la Isla Tintero

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Ciencia para escritores: los cyborgs

Mitad humano, mitad máquina, poderosas criaturas de metal y carbono que dominarán nuestro futuro. Sí, hoy vengo a hablaros de los cyborgs, otro de los elementos imprescindibles de la ciencia ficción (y daos cuenta de que ya van unos cuantos).

Los cyborgs se definen como organismos que tienen una parte biológica, es decir, orgánica y otra cibernética, es decir, inorgánica. Nosotros pensamos en ellos como algo lejano, de futuro o incluso de la ficción, pero si miramos a nuestro alrededor, nos daremos cuenta de que ya estamos en camino. Sin ir más lejos, el otro día me saltó un anuncio en Twitter que decía algo como “el progreso es convertir la discapacidad en un superpoder” y se refería a gente que tenía que llevar extremidades biónicas, como un brazo o una pierna. Es cierto que actualmente estas prótesis se diseñan para imitar de la forma más fiel posible a las humanas, pero ¿qué pasaría si se hicieran con el objetivo de mejorar lo ya conocido?¿Qué pasaría si no fueran algo que se necesita sino que se quiere tener?¿Iríamos entonces camino a una sociedad de cyborgs?

En esta entrada os quiero explicar un poco cómo se podrían conseguir cyborgs humanos y después hablaremos de lo que supondría para la sociedad.

Construyendo cyborgs

Cuando se acuñó el término cyborg, se pensó en humanos adaptados a colonizar otros planetas, que como sabemos, son ambientes extremos. Para ello, lo más lógico sería recubrir la parte humana expuesta al ambiente de algún material lo suficientemente resistente o, directamente, sustituir las extremidades de carne, blanditas y sensibles, por extremidades biónicas.

Para cumplir su función, cualquier parte del cuerpo biónica tiene que estar conectada a los nervios y tener sensores, que permitirían al portador mover la extremidad a su gusto y además recibir información de esta. Si no la tuviéramos conectada, sería esencialmente una pata de palo. Sí, te sirve para apoyarte, pero para poco más, así que con eso no vas a colonizar muy lejos.

Además, tienen que estar hechas de un material resistente, pero que a la vez sea ligero para poderlo mover sin dificultad, y que puedan tener integrados los circuitos y sensores necesarios para conectar con la parte humana del cuerpo. Ahora mismo, no es sencillo conseguir esto , ya que requiere una tecnología bastante avanzada, pero sí es verdad que no son una cosa imposible: ya hay gente que tiene prótesis muy avanzadas. Para prueba, este artículo.

Por otro lado, los implantes externos no son la única cosa que se puede tener para ser cyborg (y en mi opinión, ni siquiera la más útil). Hablo de implantes más relacionados con las funciones del cerebro que ayuden a ampliar estas. Llegados a este punto, os quiero hablar de Neil Harbisson, primera persona en ser reconocida como cyborg por el gobierno. Neil nació con acromatopsia, que es una enfermedad que le impide ver los colores, así que solo veía en escala de grises. Sin embargo, consiguió implantarse una antena, en principio para oír los colores que no veía, pero que ahora le permite percibir los colores, pero también radiaciones del espectro no visible (infrarrojo, ultravioleta) y también recibir directamente llamadas de teléfono, vídeos, música , imágenes… No me digáis que esto no parece de ciencia ficción. El sensor y la antena que le permiten todo esto fueron diseñados por él mismo, y los llama “eyeborg”. Son parte de su cuerpo, inseparables ya, lo que le valió el permiso para aparecer con la antena en la foto del pasaporte y para ser reconocido como cyborg.

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Neil con su eyeborg.

Ahora mismo, Neil es un caso excepcional que nos recuerda más a una película que a la vida real, pero él mismo afirma que en poco tiempo, su caso no será raro. En mi opinión, Neil tiene razón, ya que se ha demostrado con creces que la tecnología nos permite hacerlo. Por eso, lo único que haría falta sería que este tipo de implantes se convirtieran en algo natural para la sociedad, para que más gente las fuera adoptando progresivamente. Imaginad que el móvil que llevamos en el bolsillo pudiéramos llevarlo en el cerebro, que pudiéramos conectarnos directamente con el cerebro. Dadle bastantes años, por supuesto, sobre todo para que se normalice, pero yo creo que en el futuro, esto será una realidad.

Neil Harbisson no es el único caso (aunque yo creo que sí es el más llamativo). Kevin Wardwick, considerado como la persona que más ha trabajado en el desarrollo de los cyborgs, logró implantarse un chip debajo de la piel con el que podía controlar puertas, luces y hasta un ordenador. Si os acordáis, esto tiene mucho que ver con lo que ya escribí hace tiempo sobre psicoquinesia y también con la telepatía (puesto que esos chips podrían lograr la comunicación a distancia entre dos cerebros).

Los cyborgs en la sociedad

Se me ocurren dos posibles panoramas para incorporar a los cyborgs en la sociedad: el primero consiste en una sociedad constituida completamente por cyborgs, así que todos tienen los mismos derechos, capacidades… Son todos iguales, vaya. La segunda es que la presencia de los cyborgs en la sociedad obedezca a un propósito determinado, como por ejemplo, su ocupación. Los cyborgs médicos podrían tener sensores que permitieran medir directamente los parámetros de un paciente; los jueces, acceso a las bases de datos; los policías y bomberos, mayor fuerza y velocidad, etc. Cada una de estas dos variantes supone una forma muy distinta de estructurar la sociedad.

En el primer caso, tú, escritor, tendrías que decidir si las personas se hacen modificaciones a su gusto (como ahora algunas personas se hace piercings o tatuajes) o si es más bien algo estándar, que, por ejemplo se les hace a los bebés cuando nacen o a los niños al cumplir cierta edad. Cada uno tiene implicaciones diferentes. Por ejemplo, si son modificaciones que cada uno elige, es obvio que las personas más ricas tendrán modificaciones mejores, mientras que los pobres llevarán implantes de peor calidad y de menos especificaciones. Ocurriría como actualmente con los gadgets de tecnología, solo que a una escala mucho mayor, ya que los implantes podrían tener muchas más funciones (y además, son personalizados, así que no puedes robar un implante, comprarlo de segunda mano o heredar el de tu hermano mayor).

En el caso de que las modificaciones sean algo estándar, que todos los ciudadanos tienen por igual, habría que plantearse si eso podría servir como una herramienta de control por parte del gobierno, o incluso por parte de grupos externos. Si, por ejemplo, se trata de una antena en la cabeza, se podría usar para controlar a cada ciudadano, o quizás para ejercer alguna forma de control sobre ellos. Y si todos estuvieran permanentemente conectados a una gigantesca red neural ¿qué pasaría si se desconectara?

Si pensamos en personas modificadas para cumplir mejor su función en la sociedad, la cosa se vuelve un poco más oscura, y mientras escribo no puedo evitar pensar en “Un mundo feliz” de Aldous Huxley (aunque no tenga nada que ver con cyborgs). Aquí también podrían ocurrir varias cosas: que las personas se modificaran al nacer y ya quedaran irremediablemente ligadas a su destino o bien que las modificaciones se produjeran a la vez que la persona está estudiando para su futuro oficio.

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De verdad, si no lo habéis leído, hacedlo.

Ambas tienen una desventaja, y es que tengas o no la oportunidad de elegir, no vas a poder cambiar de idea. Algunas modificaciones podrían ser reversibles, pero otras no (por ejemplo, si te amputan los brazos para instalarte unas prótesis de resistencia extrema). Esto sería otra forma más de separar a las personas por clases, ya que cada uno quedaría encasillado en un lugar para toda su vida. De aquí podrían salir muchas historias, y sí, de nuevo estoy pensando en “Un mundo feliz”.

Y todo esto ¿para cuándo?

Es la pregunta del millón, ya que al final, lo más importante para que el trasfondo de una novela ambientada en el futuro sea creíble es que sea coherente. Como ya he dicho alguna vez, no se pueden combinar cosas que ocurrirán dentro de mil años con cosas que ocurrirán dentro de cincuenta. Tiempo al tiempo.

En mi opinión, esto de los implantes cibernéticos es algo que estará desarrollándose durante un tiempo largo. Las primeras generaciones serán las más básicas y después se irán sustituyendo progresivamente por otras que harán más cosas. Por eso, no esperéis que una sociedad pase directamente de llevar el móvil en el bolsillo a ser todos una especie de robots sobrehumanos con alma.

Sin embargo, no creo que los primeros implantes sean algo muy lejano, aunque antes habrá que superar la barrera de “no tengo ningún problema físico, así que no voy a usarlos”. Como actualmente las modificaciones que se hacen son para arreglar alguna discapacidad, la gente que no las necesita no piensa en comprarlas. Además, puede que se vean como algo peligroso, ya que hay que someterse a una operación que introduce en tu cuerpo una materia ajena a ti. Este cambio en la mentalidad de la gente podría ocurrir poco a poco y lentamente, o bien tras un acontecimiento puntual, como una campaña de márketing a lo bestia (lo que implicaría que de pronto, todo el mundo tiene un implante). Vosotros decidís.

Si quieres escribir algo sobre personas con una antena implantada en la cabeza, te recomiendo que leas sobre Neil Harbisson o Kevin Wardwick, ya que creo que los implantes que se hagan en un futuro irán en esa dirección. ¡Imaginad lo cómodo que sería poder mandar WhatsApps directamente desde el cerebro!

En este vídeo podéis ver a Neil hablando de su antena y de cómo logró ser reconocido como cyborg.

¿La siguiente especie en la evolución?

Ya he leído más de una vez que es posible que la especie que suceda al Homo sapiens en la evolución pueda ser un cyborg. Como sabéis, la especie humana que conocemos ahora no ha sido la única en existir, y puede que no sea la última (depende de cuánto tardemos en cargarnos el planeta, pero ese es otro asunto). Por ello, muchos han planteado que la siguiente especie no sea 100% orgánica, sino que sea un cyborg (hay quien ha planteado que sean robots, inteligencias artificiales, pero creo que este sería el paso intermedio y lógico). Actualmente la separación de especies se lleva a cabo fijándose en criterios genéticos (ya establecidos, no aleatorios) que son los que llevan a determinar qué especie es cada una. Si se popularizara el uso de implantes y todos fuéramos cyborgs, está claro que compartiríamos el mismo ADN, pero ¿seríamos la misma especie? Estoy segura de que muchos querrían separar a los que usan implantes de los que no en base a sus capacidades y crear el trilladísimo Homo novus.

Si habéis leído “La radio de Darwin” y su secuela “Los niños de Darwin”, de Greg Bear, ya sabréis un poco lo que supone que haya nuevas especies, y sobre todo, que haya dos del género Homo (tan iguales y tan distintas) conviviendo en el mismo lugar.

Plantearos ¿qué podría ocurrir en una guerra entre cyborgs y no cyborgs?¿Qué armas podría usar cada bando? Y quizás más importante ¿Qué la habría motivado? También habría que pensar qué ocurriría después, en el caso de que todos las personas fueran cyborgs. ¿Habría otra especie nueva lo suficientemente diferente de la anterior?¿Seguirían estos desarrollándose hasta dar lugar a organismos cibernéticos sin ninguna parte orgánica?

Hay muchas preguntas que nos plantea esta forma de evolución, ya que no sabemos lo que va a ocurrir. De momento, podemos especular, siempre que se haga dentro de las leyes de la física, y crear nuevos panoramas.


Bueno, y hasta aquí llega todo lo que quería contar. Ya habéis visto todo el juego que pueden dar los cyborgs en cualquier novela de ciencia ficción o ambientada en el futuro. Hay muchas formas de utilizarlos y muchos caminos que puede tomar. Espero que la entrada os haya resultado útil, o al menos, entretenida, y ya sabéis, si tenéis cualquier duda, preguntadme e intentaré aclararos las cosas. Y si os ha gustado, acordaos de dejarme un comentario y de compartir por las redes. ¡Hasta pronto!

 

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5 comentarios el “Ciencia para escritores: los cyborgs

  1. Laia Varona (@LaiaVarona)
    agosto 7, 2016

    Ayer leí el caso de una chica de Londres a la que se le había ocurrido meter el chip de su tarjeta de transporte en sus uñas postizas. Ahora, cuando quiere entrar al metro, en vez de andar rebuscando en el bolso, sólo tiene que poner la mano sobre el lector. No sé si esto entra en la categoría de implante cibernético, pero demuestra que llevar chips en el cuerpo es más fácil de lo que pensamos.
    Una cosa que me encanta de Neil Harbisson es que, como oye los colores en vez de verlos, no combina la ropa por su aspecto, sino por cómo suena el conjunto. Me parece una manera muy creativa de usar su implante, y no creo que lo tuviera pensado cuando lo diseñó.

    Le gusta a 1 persona

    • soyperry
      agosto 7, 2016

      Pues no sabía lo de la chica, pero me parece una idea genial. Lo que me parece raro es que se permita, porque los gobiernos y las instituciones, para eso, van un poco más retrasados. Creo que lo ideal sería que se conociera más para que cada uno pudiera decidir.
      Muchas gracias por el comentario, un saludo 😀

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  2. Blas E. Cabanilles
    agosto 8, 2016

    Muy buena la entrada porque te hace pensar y da mil ideas. NO quiero whatsappear por el cerebro xD. En mi opinión, acabaremos siendo todos robots inmortales gracias a la transferencia de conciencia (quitando que el alma no exista). Y, apunto, dos homos viviendo juntos ya existe, se llaman X-Men xDDD

    Le gusta a 1 persona

    • soyperry
      agosto 8, 2016

      Buenas, Blas 🙂
      En mi opinión, todo depende de si nos da tiempo a desarrollar la transferencia de conciencia antes de extinguirnos, que no es seguro. Todo es especular, claro.
      Graciad por comentar, un abrazo 😀

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Esta entrada fue publicada en agosto 7, 2016 por en Ciencia para escritores y etiquetada con , , .

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