Relatos en la Isla Tintero

Isla Tintero es el lugar donde cualquiera que haya sentido alguna vez la llamada de las palabras debe parar al menos una vez en la vida.

19 formas de cagarla escribiendo y otra de regalo

Todo el mundo os explica cómo ser escritores, cómo escribir un bestseller, cómo escribir bien y blablabla. Incluso yo misma he escrito varios artículos de consejos. Pero ¿y lo necesarios que son los desconsejos? Nos ayudan a saber qué NO hacer, que muchas veces es más importante que al contrario.

Hoy analizo 20 cosas en las que todos hemos caído antes o después y que suelen poner a los lectores de los nervios. Así que abrid bien los ojos y a desintoxicarse.

 

1. Inventar palabras

Un clásico. No estás seguro de lo que significa “egoliante”, ” tandémico” o “descatado”, ni tan siquiera si existen, pero encajan taaaan bien en tu frase. Otra variante es inventarse nuevas combinaciones de verbo+preposición o sustantivo+adjetivo.

Está bien querer ser innovador pero una cosa es esa y otra muy distinta, reformar el español, porque solo conseguirás poner de los nervios a tus lectores. Me dirás ” ¡Pero muchos grandes maestros lo hacían!”. Sí, bueno. Cuando domines el idioma por completo, entonces siénte libre para experimentar.
Y esto nos lleva a…

 

2. Puntuar aleatoriamente

Puntos que deberían ser comas, párrafos donde te sale de los c******s, rayas de diálogos mal puestas, comas en todas partes, y todo ello salpimentado con unos cuantos puntos y comas para darle alegría al texto.

Marta; que estaba bastante nerviosa. Esperó, pacientemente.
-¿Dónde has estado? Preguntó, cuando le vio aparecer. -Donde, de Mari.
Casi le dio un ataque de nervios, Mari era; la cabra más elegante del zoo.

Me he pasado un poco, pero se entiende que el resultado es este.

Antes de puntuar, aprended a hacerlo e intentad seguir las normas en la medida de lo posible. Si no estáis seguros de cómo hacerlo, Nea Poulain os da algunos consejos.

 

3. Cambiar la narración

Algo que me provoca ganas de matar son los cambios de persona o de tiempo en medio de la narración. Me confunden y además denotan poco cuidado por parte del autor. Por otro lado, los cambios de punto de vista o de tipo de narrador son mucho más comunes y también me parecen fallos graves.

Rafa se subió a la silla sintiéndose eufórico. Dio un triple mortal en el aire, pero de repente, la silla se resbala y Rafa cae de cara al suelo. “¿Estará muerto?” me pregunto yo.

Al empezar a escribir, piensa cómo vas a hacerlo, y después mantente fiel. Si no, acabas creando confusión en el lector y, sobre todo, ganas de matar.

 

4. Rellenar

Oh, esta también es un clásico. Estás intentando escribir una novela que ya tienes estructurada y ves que te está quedando demasiado corta. ¡Drama!

Pero la solución es bien sencilla, te inventas tres nuevos personajes totalmente irrelevantes, escribes unas cuantas páginas de worldbuilding, describes la comida y los azulejos del baño y ¡tachaaaan! Tienes 30.000 palabras más.

Sin embargo, la mayoría del relleno se nota y hace que quiera pasar las páginas más deprisa. O es un relleno extremadamente interesante o el lector se aburrirá enseguida. Y nadie quiere eso ¿no? No rellenes. Tienes que querer a tu novela tal y como es.

 

5. Hablar de lo que no sabes

Porque NECESITAS incluir un personaje con esquizofrenia pero, seamos sinceros, documentarte ahora mismo te cortaría la inspiración. Así que describes igualmente sus síntomas y comportamiento, recién salido de tu imaginación. Total, nadie se va a dar cuenta.

Qué sorpresa al enterarte de que no, los lectores no son tontos, y sí, se han dado cuenta. Y encima no les gusta. Porque la documentación es un proceso necesario: no se te ocurra hablar de algo de lo que no tienes ni idea. Si te da pereza buscar información, siempre puedes hablar de un tema que domines, que seguro que hay más de uno. ¡Pero no caigas en hacerte el falso experto!

 

6. Olvidarte de los pequeños detalles

Eso suele ocurrir cuando has estado escribiendo muy rápidamente y luego te han corregido el texto tu gato y tu planta carnívora. En un determinado momento mencionas una playa de rocas, pero luego tu personaje no deja de hundirse en la arena. Has comentado que Alberto se pone la camisa blanca, pero después dices que viste de rosa. Estas pequeñas cosas a veces no se notan, pero otras muchas fastidian al lector y le dejan con una sensación de que todo se ha hecho deprisa y con poco cuidado.

En fin, que esto se soluciona poniendo atención al escribir, pero sobre todo con un buen corrector (o unos buenos correctores, si os ponéis). Si por alguna razón que escapa a mi entendimiento decidís prescindir del corrector, pasádselo al menos a unos cuantos lectores beta, que serán capaces de detectar estos fallos.

 

7. Usar a tus personajes para convencer de tus ideas

Otro clásico. Eres vegano convencido y en cierto momento de tu novela haces que el conejo Matthew dé una profunda charla sobre comer sólo verduras. O sobre el comunismo. O sobre la monogamia, o sobre TeamColaCao/TeamNesquik. El caso es que crees conveniente usar a tus personajes como herramienta ideológica sin tener en cuenta que lo más fácil es que te salga el tiro por la culata.

Tus lectores, normalmente, ya son mayorcitos y no han cogido un libro para convencerse de nada. Lo han cogido porque quieren entretenerse, pero entonces llegas tú y les das una charlita moralista. ¡Error! Así que recuerda, cuando tengas ganas de aleccionar a tus lectores aprieta los dientes, respira hondo y cuenta hasta diez. Pero hagas lo que hagas, resiste.

 

8. Contar en lugar de mostrar

Hay muchas veces que nos liamos a escribir sobre la relación entre dos personajes en lugar de mostrarla mediante acciones y gestos. Describimos la forma de ser de alguien sin darnos cuenta de que él mismo se presentará.

Reconozco que en este he caído muchas veces, porque es una gran tentación. Contar es más fácil que mostrar, sí, pero mucho menos efectivo. Hay cosas que no necesitan ser descritas y si lo haces corres el riesgo de aburrir al lector, o peor aún, de hacerle creer que es tonto. Vuelvo a repetirlo: tus lectores no necesitan que se lo des todo masticado. Confía en ellos.

 

9. Usar un lenguaje rebuscado para demostrar lo mucho que sabes

¿Frases simples y fáciles de leer?¿Para qué, si puedes hacer oraciones de 18 verbos y que ocupen cuatro líneas? No hay necesidad de usar sustantivos y adjetivos simples si puedes usar algunos recién salidos del Renacimiento. Tampoco es necesario expresar tu idea en cuatro palabras si puedes expresarla en catorce.

La soprano emitió una serie de sonidos que se correspondían con el inicio del Aria de las Valkirias.

VS

La soprano cantó el Aria de las Valkirias.

Parece un concepto muy simple, pero es increíble la de escritores que siguen cayendo en la trampa. Mucha gente que pensaba que estaba demostrando su gran dominio del lenguaje lo único que ha conseguido ha sido hacer la lectura agotadora y difícil. De nuevo, no caigas en la trampa: escribe conciso y natural. Eso no quiere decir que no puedas usar metáforas ni ningún recurso literario, para nada. Solo que no te pases de rebuscado.

 

10. No disparar la pistola

Me estoy refiriendo a la pistola de Chéjov, por supuesto (lo tenéis todo genialmente explicado aquí). Esto quiere decir que, si en una escena de la novela aparece una pistola, tiene que haber obligatoriamente otra en la que ésta sea disparada. Si tu personaje sabe hablar ruso, haz que lo necesite para hacerse pasar por miembro de la KGB. Si comentas que el ala del avión está asegurada con cinta adhesiva, haz que se estrelle. Así con todo.

Podría extenderme hasta el infinito, pero creo que lo habéis pillado. La cuestión es que no debes crearle al lector falsas expectativas (a menos que sea a propósito), porque si al final no disparas la pistola, decepcionas. Sin embargo, si la disparas se produce un efecto como este:

wow

Así que ya sabéis: ¡a disparar!

 

11. Pasarte con los diálogos (o no llegar)

Reconozco que los diálogos es algo que cuesta mucho a mucha gente. Es complicado hacerlos bien, naturales y útiles. Se han dado miles de indicaciones sobre cómo hacer diálogos: con más acotaciones, pero no tantas, sin abusar de los verbos dicendi, pero hombre, pon alguno, que sigan la trama, pero que tampoco lo cuenten todo. En fin, que es un arte muy complejo.

Sin embargo, a lo que yo me estaba refiriendo es a la cantidad. Hay quien haría un libro con todo diálogo, al más puro estilo obra de teatro, y hay quien no pondría ni uno. En mi opinión hay que saber guardar el equilibrio, porque, mientras que los diálogos suelen ser más ágiles de leer, un exceso puede hacer que la trama vaya más lenta. Además, hay que tener cuidado de no transcribir cosas que deban ir en los diálogos a la vez que no nos dedicamos a dialogar fragmentos que deberían ir en prosa.

Clara le preguntó a Pepe si quería cenar croquetas o prefería atún, a lo que el chico contestó que no iba a cenar en casa. Clara dijo ofendida que se lo podía haber dicho antes y Pepe, de muy malos modos, contestó que debería pensar un poco más en él.

Ejemplo inverso.

-¿De dónde vienen estas extrañas gallinas con pelo?

-Verás, joven, las que tu llamas gallinas son en realidad Salamiras, unas pequeñas aves que son parientes cercanas de los ornitorrincos. [INSERTE AQUÍ 500 PALABRAS SOBRE EVOLUCIÓN E HISTORIA DE LAS SALAMIRAS]. Y por eso ahora viven en este valle dejado de la mano de Dios.

-¡Ah! No conocía estos animales tan curiosos.

-Ciertamente, pues son huidizos y tímidos.  [INSERTE AQUÍ OTRAS 500 PALABRAS SOBRE MORFOLOGÍA Y COSTUMBRES DE LAS SALAMIRAS].

Hay casos y casos, por supuesto. Esto no es la norma universal, solo unos consejos en general para que encontréis el punto medio de los diálogos. Pero en este caso, cada uno tiene su estilo (y sus gustos).

 

12. El drama por el drama

¿De verdad hacía falta que la madre del novio de la protagonista tuviera cáncer?¿Es relevante?¿Hace avanzar la trama? Muchos autores caen en la tentación de hacer este tipo de cosas y, sin ir más lejos, el libro “Besos entre líneas” es un buen ejemplo. En él, aparecen personajes que están ahí exclusivamente para dar pena, como la hermana de la protagonista, a la que solo se menciona para hablar de su anorexia.

Si lo haces bien, no necesitas rellenar tu historia con kilos de drama artificial. De hecho, a menudo se nota y queda mal, forzado, artificial. Puedes meter drama en tu novela, por supuesto, de hecho es algo en lo que muchas historias se apoyan. Pero no lo hagas porque sí. Recuerda que cada elemento de la novela debe tener su función (y la función “dramear porque sí” no me parece la más adecuada).

 

13. Hacer saltos temporales aleatorios

Tan pronto estamos en 2010 como en 2016. Es abril, pasan tres meses y entonces es mayo. Te levantas por la mañana, te vas a hacer la compra y ya es de noche.

En muchos libros se descuida el aspecto temporal. Tienes que tener en cuenta dos cosas: la primera es que las cosas llevan su tiempo y la segunda es que el tiempo pasa. Puede parecer una chorrada, pero asegúrate de que sabes cómo transcurre el tiempo en tu novela para no cometer este tipo de errores, porque lo que suelen hacer es confundir al lector. En mi caso, cuando no soy capaz de seguir el tiempo de una novela, enseguida me desubico y paso más tiempo intentando encontrarle el sentido a todo que leyendo.

Esto no quiere decir que no podáis hacer saltos temporales, para nada. Los saltos en el tiempo son importantes como recurso narrativo. Solo estoy diciendo que tienes que saber y dejar claro qué saltos haces.

 

14. Cometer faltas porque ¡ay, la pereza!

Estáis escribiendo una escena intensita y de repente, os asaltan las dudas de cómo se escribe algo. Pero no vas a parar, por supuesto, así que lo escribes como mejor te suena. “Ya lo buscaré luego”, te dices, pero luego nunca llega y la falta se queda ahí para siempre.

En este caso no me refiero a faltas de ortografía, sino sobre todo de puntuación. A veces no tienes claro cómo colocar una coma o la maligna combinación raya de diálogo-punto, o te has liado con los paréntesis. El error podría solucionarse con un minuto de búsqueda en Google, pero bah. No es tan importante.

Bueno, pues déjame decirte que sí lo es. Nadie quiere leer algo con aspecto descuidado, y esto se aplica también a cualquier concepto teórico que presentes en tu libro. “¿Cómo era la Teoría de Olduvái? Bueno, pongo lo que me suena y después lo corrijo”. Es exactamente lo mismo, y de verdad que da mala imagen. Además, se puede corregir rápido, así que ya sabéis.

 

15. Dar cosas por hechas

Tú te has escrito cuatro cuadernos de Wordbuilding, eres el dios de tu mundo y lo conoces todo al dedillo. Tanto que a veces se te olvida que tus lectores no tienen esos cuatro cuadernos. Te ahorras todas las explicaciones, lo que, evidentemente, lo hace todo mucho más ágil. Sin embargo, aunque para ti todo sea lógico, para el lector solo hace que parezca que te lo estás sacando todo de la manga.

Si das por hecho que el hechicero no tiene poder suficiente para devolver a Jelly a su forma humana porque el villano se la ha drenado, dejarás a tus lectores pensando que se te ha olvidado algo. Sin embargo, basta con que lo menciones para que se produzca el momento “Ahhhh” y todo quede mucho más claro. No hagas que nadie piense que te has dejado cabos sueltos.

En mi opinión, para solucionar este fallo es clave decirles a tus lectores beta que vayan escribiendo en el borrador todas las dudas que les vayan surgiendo. Así podrás comprobar si son dudas que vas a resolver al final del libro o si simplemente eran cosas que habías dado por hecho.

 

16. Precipitar el final

Después de 400 páginas de espionaje y planes en el sótano, toda la acción se resuelve en un tiroteo, un poco de sangre y un coche volcado. Es fácil precipitar un final, porque tienes tantas ganas de plasmarlo en papel que confundes “trepidante” con “abrir y cerrar de ojos”. Y claro, un final en el que no se disfruta como es debido deja con un mal sabor de boca, por bueno que sea. Al menos, en mi opinión.

El ejemplo más claro que he encontrado hasta ahora de final precipitado es el de la novela Sorry, de la que ya os hablé aquí. El libro es genial, el misterio se mantiene muy bien y la intensidad aumenta cada vez más. Sin embargo, en cuanto se desencadena el final, todo se resuelve con un par de escenas rápidas y confusas que hacen que te quedes diciendo “¿Y ya?¿Solo esto”.

Hay que tener mucho cuidado con los finales, porque pueden mejorar una novela mediocre… O cargarse una buena. Así que pensadlo bien antes de resolverlo todo, porque quizás necesite algo más de calma (pero sin pasarse, que os veo venir ¿eh?).

 

17. No conocer a los personajes

Los has creado tú, pero sin embargo se te olvida quiénes son. Se te olvida que el protagonista es un egoísta, o que su madre es alérgica a los gatos o lo que sea. El caso es que, de repente, se ponen a hacer cosas raras que no pegan con ellos y que hacen que nos quedemos como “¿ein?”.

Cuando tu personaje se  pone a actuar de una forma que no casa con su personalidad tienes varias opciones:

  1. Dejarle que haga lo que quiera y redefinir esa personalidad acorde a este cambio de actitud.
  2. Hacerle volver a la senda cortándole de raíz.
  3. Explicar el cambio de alguna forma.

Lo que quiero decir con esto es que da igual lo que hagas: todo va a estar bien mientras que seas coherente contigo mismo. Pero a nadie le gusta un rockero que no escucha rock, ni una persona comprensiva que no comprende a nadie, ni un trabajador vago, ni nada de eso. ¡Que la coherencia os acompañe!

fuckthisshit

Y así me siento yo cuando hay incoherencias

 

18. Inspirarte un poco demasiado

Vamos, que plagias. No tengo nada que explicar sobre el plagio porque creo que sabéis de sobras lo que es, aunque a veces pueda pasar medio desapercibido. Solo quería aprovechar esto para repetir que el plagio es el horror, aunque no sea de una trama. Puedes plagiar una portada, un personaje, un concepto, un loquesea… Tienes que tener en cuenta que todo eso es algo que otro escritor creó para su novela, y de repente vas tú y te lo quedas para la tuya. Lo normal y lo más correcto, vaya. (Pista: NO).

En resumen, que al que vea plagiando le saco los ojos y le arranco las manos.

 

19. Editar mientras escribes

Uno de los mejores consejos que he oído sobre escritura es separar tu “Yo Editor” de tu “Yo Escritor”. Cuando escribas, escribe, y cuando edites, editas. Creo que la primera vez que lo leí fue en alguna parte del blog de Miguel Ángel Alonso Pulido, aunque no recuerdo en qué entrada. El caso es que creo que es un consejo que hay que seguir a rajatabla si quieres ser productivo de verdad.

Una vez que hayas escrito todo lo que quieres escribir (y recuerda que, como dice la magnífica Gabriella Literaria, tu primer borrador es perfecto) ponte en modo editor y centra los cinco sentidos en corregir todos los fallos. Así te aseguras de que, hagas lo que hagas, lo haces centrado en esta actividad.

 

20. Pensar en qué dirán

Porque no te imaginas la cara que pondrán tus padres cuando lean esa escena erótica que has escrito. Ni lo que pensarán tus amigos cuando lean tu novela. Cuando escribes no puedes dejar de pensar en lo que dirán los demás y eso, digas lo que digas, te cohibe.

Soy la primera a la que le pasa y reconozco que es muy difícil librarse de los malos pensamientos. Pensamos que a los demás les va a parecer más y acabamos autocensurándonos. Sin embargo, tengo como referencia esta entrada de Jaume en Excentrya, de la que creo que ya os he hablado. Leedla porque me parece clave para poder mejorar como escritor, de verdad.

Recordad, el lector más exigente de vuestros textos sois vosotros mismos. No penséis en lo que van a decir los demás porque en realidad no es importante. Lo importante es que os guste a vosotros, que estéis cómodos con lo que escribís. Lo demás vendrá después.


 

Bueno, pues esto ha sido todo por hoy. Espero que este macropost de fallos os haya sido útil, al menos para abriros los ojos en algunos aspectos (y por favor, lo que digo siempre, que nadie se sienta ofendido porque en ningún momento es algo personal). No tiene nada de malo cometer errores, lo malo es no solucionarlos.

En fin, si os ha gustado, recordad compartirlo en las redes. ¡Ah! y que nadie se vaya de aquí sin confesarse: ¿cuáles de estos fallos cometéis o habéis cometido vosotros? ¡Admitidlo en los comentarios, picaruelos! 😀

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22 comentarios el “19 formas de cagarla escribiendo y otra de regalo

  1. Bueno, pues… ¿Cómo decirlo? Digamos que he cometido todos los fallos xD Pero claro, me estoy fijando en toda mi trayectoria como escritora aficionada, ahora cometo muchos menos, como el de los diálogos, puede. ES QUE NO PUEDO EVITARLO, LOS DIÁLOGOS SON MI VIDA y tal vez o me pase con ellos o con los verbos dicendi.

    El pensar qué dirán también un poco si es algo que voy a escribir en el blog, si es para novela o relato de concurso escribo como más cómoda me siento (en los relatos procuro no poner cosas que ofendan al jurado [?]).

    A veces también precipito el final porque tengo tantas ganas de acabar y lo hago de golpe. Ahora intento tomármelo con calma, porque si no PUM.

    Y, bueno, he de decir que adoro que sean los personajes los que demuestren su personalidad, contarlo es demasiado tedioso para mí. Cuando leo y veo que los personajes se definen ellos mismos me da un miniorgasmo mental mu chuli.

    Algún fallo pequeñín de los otros creo que sigo cometiendo, pero eso, es cuestión de práctica y buenas hortalizas en el estómago.

    Abrazos de berenjena

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    • soyperry
      mayo 1, 2016

      ¡Hola! A ver, no me creo que los cometas todos, así que te he apuntado solo los que has mencionado (sí, estoy usando esto para sondear los fallos más comunes). Aunque sea lo que sea, al menos los reconoces que ya es un buen paso ¡y además estás mejorando!
      Bueno, eso, que muchas gracias por comentar y también por darme este título tan genial.
      Abrazos de ornitorrinco.

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  2. Cuervo Fúnebre
    mayo 1, 2016

    Sólo “cometo” uno. Lo entrecomillo porque considero que en mi caso no es un error. Si hay dos cosas que marcan mi estilo son los anacronismos y las palabras inventadas. No hablo de las que pertenecen al Worldbuilding como “sénara” o “cobrácea” (un tipo de árbol y una planta, respectivamente), sino a adjetivos generalmente, que no existen en nuestro vocabulario, pero que encajan a la perfección y que a mis lectores beta (y no beta, véase La Vigilia) no les chirría porque la misma palabra evoca su significado. Es acto deliberado y calculado que no obedece a una falta de conocimiento.

    El punto en el que hablas del tiempo lo encuentro demasiado a menudo últimamente. La novela que estoy leyendo y la que acabo de terminar pecan de eso, especialmente con la que estoy. Ambas tardan un par de páginas en decirme que han pasado 3 años. Eso les resta puntos en mis reseñas.

    Una entrada genial, as always. ¡Nos leemos!

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    • soyperry
      mayo 1, 2016

      ¡Buenas! Vayamos por partes. Lo de inventar palabras es un acto muy delicado, pero si tú sabes hacerlo bien seguro que está genial. Lo malo es cuando te las inventas sobre la marcha porque te suena mejor. Tengo compañeros que han llegado a hacer eso en trabajos de clase y dan ganas de llorar. Pero bueno, ya sois unos pocos los que me decís que cometéis algunos de estos fallos a propósito y está bien si sabéis como hacerlo. En realidad, se nota cuando es un fallo y cuando no.
      ¡Muchas gracias por comentar, Cuervo, nos leemos!

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  3. Eduardo Norte
    mayo 1, 2016

    Respecto al 1, ya no lo hago, pero recuerdo que en un examen de historia de 2º de Bachiller le planté a la profesora un ‘consequentó’ y me quedé más ancho de largo. En la corrección lo tenía subrayado y con un ‘invento’ al lado, jaja.
    Respecto al 18, César Mallorquí decía que uno de las cosas que tiene que hacer un escritor es robar impunemente. Y yo creo que es así. No está mal utilizar recursos de otros escritores, cómo ha descrito a un personaje, cómo crea tensión.. ese tipo de cosas las define Mallorquí como un supermercado abierto, puedes entrar y coger lo que quieras, porque en parte es así como se aprende a escribir: observando cómo escribe los maestros. En ese caso el 18 lo hago y mucho. Es más, debe hacerse.
    Lo que no debe hacerse, que es lo que tu dices, el plagiar descaradamente un personaje, una escena o una trama. Como hizo Suzanne Collins con Battle Royale, vaya xD. Eso está FATAL y no lo defiendo por nada del mundo.
    Supongo que tú te referías a esto último, porque a mí me parece de maravilla echar mano de los recursos de los grandes escritores. Que en cierta forma también son plagios 😛
    Un abrazo, muy chula la entrada ^^

    PD: Ya te he dicho por Twitter cuales son mis errores.

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    • soyperry
      mayo 1, 2016

      ¡Buenas, Edu! A ver, claro que me refería a lo segundo. Por ejemplo, que crees una escuela y hagas cuatro casas que casualmente coinciden con los nombres de los cuatro fundadores y blablabla me parecería fatal, más que nada porque te has aprovechado de lo que ha creado otro escrito. Otra cosa es que te fijes en recursos, como tú dices, formas de describir, palabras… Eso es diferente y te sirve para aprender. Así que creo que estamos totalmente de acuerdo ^^
      ¡Gracias por pasarte y comentar, un abrazo!

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  4. Carmelo Beltrán Martínez
    mayo 1, 2016

    Bueno, Raquel, como siempre, bravo. Una entrada impresionante que aporta muchísimo valor al lector. No miento si te digo que eres una de mis bloggers favoritas.

    Ahora mismo lo comparto por las redes.

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    • soyperry
      mayo 1, 2016

      Hala, muchas gracias Carmelo 😀 Cosas como esta siempre le suben a uno la moral, de verdad. Que encima me lo diga ya un bloguero consagrado es… impresionante. De verdad que sí.
      Muchísimas gracias de nuevo por leer y comentar, un abrazo enorme.
      P.D: espero tus errores xD

      Me gusta

  5. Yolanda
    mayo 1, 2016

    Felicidades. Es un post genial y muy oportuno. Lo voy a tener siempre a mano para recordarme que debo mejorar ciertos puntos y luchar a capa y espada contra mi bestia negra: el 19.
    Muchas gracias.

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    • soyperry
      mayo 1, 2016

      Estoy viendo que el 19 es la bestia negra de todos, así que no te des mal. Muchísimas gracias a ti por pasarte y comentar 🙂

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  6. Muy buena entrada, Raquel. Yo confieso que en algún momento de mi vida he cometido todos y cada uno de esos fallos. Por suerte, uno va aprendiendo y ya solo me preocupo del número 6 y, en este libro concreto con el que estoy, el 16. También el 20 me acecha de vez en cuando pero en esos casos me pongo mis orejeras de burro y tiro p’alante. Gracias por la mención 😉 ¡Un abrazo!

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    • soyperry
      mayo 1, 2016

      ¡Buenas! Muchas gracias por pasarte a comentar. Yo creo que muchos hemos empezado cometiendo un montón de errores, pero por suerte, se solucionan. Yo, desde luego, he aprendido un montón gracias a los consejos que se dan por aquí (entre ellos, los tuyos ^^). Pero bueno, siempre hay algo más que mejorar. ¡Gracias de nuevo y mucho ánimo! *abrazo*

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  7. Emma Frell
    mayo 1, 2016

    Yo he cometido y sigo cometiendo varios, quizá los de la ortografía y la puntuación sean los más destacados, mi mente va más deprisa que mis dedos y soy incapaz de pararme a pensar. Luego lo corrijo, claro 😛

    Lo de editar mientras escribo es algo que no puedo remediar sigh, aunque he mejorado bastante en aspecto yo creo.

    Por otro lado no conocía la pistola de chéjov 😄 aunque sí la teoría 😄

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    • soyperry
      mayo 1, 2016

      ¡Buenas! A ver, los de ortografía por escribir rápido yo creo que nos suceden a todos. La cosa es saber cómo se escribe correctamente para poder corregirlo y no dejarlo ahí. Aunque no te lo creas, mucha gente comete faltas de ortografía y puntuación porque no saben escribirlo bien xD
      Lo de editar es común a todo el mundo, yo ni siquiera sabía que era un error hasta que no lo vi en otro blog.
      ¡Muchas gracias por pasarte a comentar, un saludo!

      Me gusta

  8. Carlos Plaza Calzada
    mayo 2, 2016

    Vale, aparte de ortografía y puntuación, que creo que cometemos todos pero para eso están los correctores de estilo y lectores beta, creo que a veces me alargo demasiado con los diálogos, me gusta mucho mostrar la personalidad de mis personajes haciendo que hablen entre ellos y eso a veces es contraproducente. De hecho, hice un taller titulado “Emocionar a través el diálogo” y escribí una novela de terror no publicada aún que trata de aterrar a través de diálogos, casi parece una obra de teatro, aunque en este caso no sé si se puede considerar “fallo” porque es a cosa hecha.

    Me gusta tu blog, te leeré 🙂

    PD: hola, Emma!!!!!!!

    Le gusta a 1 persona

    • soyperry
      mayo 2, 2016

      ¡Buenas, Carlos!
      Ya he dicho que cada uno tiene su estilo con los diálogos y si tienen su función seguramente están muy bien 🙂 La cosa es cuando pones diálogos que no sirven para nada, porque sí. La verdad es que me interesaría leer esa novela tuya porque los diálogos ofrecen tantas posibilidades… Me intrigan un montón.
      ¡Gracias por pasarte a comentar, me alegro de que te haya gustado! ^^

      Me gusta

  9. thecuentista
    mayo 10, 2016

    Que buena la recopilación.
    El 3 es imperdonable y el 19 es clave. Yo encuentro que la mejor manera de solucionar el tema es escribir a mano. Escribiendo a mano es imposible editar. Es echar al editor de una patada y quedarte a solas con tu yo escritor, el que no mira lo que vas escribiendo porque ni tu entiendes tu propia caligrafía. Luego cuando pasas lo escrito al ordenador, te pones la gorra de editor y ¡voila!

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    • soyperry
      mayo 11, 2016

      ¡Pues es muy buena idea! Nunca se me hubiera ocurrido, pero tienes toda la razón. Espero que el día que lo haga entienda mi propia letra porque si no, lo tengo chungo. ¡Muchas gracias por comentar, un abrazo!

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  10. Marta Parejo
    julio 8, 2016

    ¡Qué buena entrada! Me ha parecido muy interesante, y creo que he cometido todas esas formas de cagarla, pero la más grande para mí es: empezar a escribir y NO ACABAR LA HISTORIA. u_u. Tengo mogollón de cuadernos y documentos empezados, con resumen hecho pero sin acabar. Tengo que arreglar eso de alguna forma.

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    • soyperry
      julio 8, 2016

      ¡Muchas gracias! Sí, creo que a la mayoría nos pasa algo similar, o por lo menos a mí. Me da un poco de rabia, pero bueno, poco a poco se va trabajando para quitarse esa manía 🙂
      ¡un saludo!

      Le gusta a 1 persona

  11. Manuel Solis
    julio 9, 2016

    La número nueve me hizo reir mucho. :

    Le gusta a 1 persona

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Esta entrada fue publicada en mayo 1, 2016 por en escribir, truconsejos y etiquetada con , , , .

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