Relatos en la Isla Tintero

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Análisis: ¿por qué no me funciona la técnica Pomodoro?

¡Muy buenas a todos! Después de una semana totalmente mortal he decidido traeros algo un poco diferente de lo que suelo hacer, pero también más personal. Voy a estrenar una nueva sección, que como veis se llama “Análisis” y en la que pretendo, como su nombre indica, analizar mis métodos de trabajo, mi productividad y enseñaros lo que me funciona, lo que no y por qué.

Hoy voy a hablar de la técnica Pomodoro, una forma de organizarse el tiempo que en muchos sitios es tratada como si fuera la panacea, y contaros por qué a mí no me ha funcionado por más que lo he intentado.

Leí por primera vez en qué consistía esta técnica en el blog de Gabriella Literaria, pero lo vi repetido en más ocasiones en otros blogs literarios y de productividad. Como podréis leer si pincháis en los enlaces, la técnica Pomodoro consiste en trabajar a tope durante 25 minutos, hacer un descanso de 5, volver a trabajar a tope 25, volver a descansar 5…y etc. Un período de trabajo se puede denominar “un pomodoro” y cuando se han hecho 4 se puede realizar un descanso más grande de 15 minutos.

Il_pomodoro

“Pomodoro” significa “tomate” en italiano: el nombre de la técnica viene de estos relojes de cocina tan cuquis.

Mucha gente es fan de la técnica Pomodoro porque dicen que les ayuda a ser más productivos, ya que esos 25 minutos de trabajo duro les cunde más que una hora “normal” (porque en esos minutos eliminas toda distracción y te concentras al 100%). Además les ayuda a vencer la pereza, ya que 25 minutos no son un período de tiempo excesivamente largo y cualquiera puede sacar tiempo para hacer un pomodoro de algo. También permite organizarse mejor el trabajo, ya que dividir el tiempo en fracciones permite saber fácilmente cuánto has trabajado y en qué.

Cuando leí todo esto y lo contenta que estaba la gente que lo llevaba a cabo pensé que ya estaba tardando en probarlo. Me descargué tanto una aplicación para el móvil, Clear Focus creo que se llamaba, como una extensión de Google Chrome,  Strict Work Flow (que además en el tiempo de trabajo bloquea las páginas que quieras) ya que quería sacarle partido tanto en la escritura como en los estudios. Una vez hecho esto, me preparé para una productividad sobrehumana y…cuál sería mi decepción al darme cuenta de que me cundía lo mismo, o incluso menos que sin Pomodoro de por medio.

Visto esto estuve probándolo más veces, para analizar qué pasaba y llegué a la conclusión de que no era culpa de la técnica en sí, era mía y de mi forma de trabajar, y es que no podemos esperar que un procedimiento específico se adapte a todo tipo de personas. Así que he elaborado una lista de razones, o posibles razones por las que no me funciona.

Lo primero que pensé cuando empecé a probar la técnica fue que 25 minutos eran muy pocos. Yo, que soy una persona con una gran capacidad de concentración y una resistencia enorme, sobre todo a la hora de ponerme a estudiar, encontraba que la alarma que indicaba que había finalizado el período de trabajo sonaba siempre demasiado pronto, y acababa saltándome descansos para seguir. Siendo que soy capaz de estar por lo menos dos horas seguidas sin levantarme de la silla, parar cada 25 minutos hacía que se me cortara de raíz la concentración, de tal forma que muchas veces dejaba de seguir la técnica directamente en ese momento, cuando apagaba la alarma y seguía. Otra cosa que me pasaba relacionada con esto es que, como es natural, el fin de los 25 minutos siempre me pillaba en mitad de un párrafo, de una página o de un problema y me veía incapaz de parar de trabajar ahí y reengancharme más tarde. Como veis, todo acababa conduciendo a lo mismo: pasar olímpicamente de los períodos de trabajo y de descanso.

Por otro lado, me di cuenta también que cualquiera que haga la técnica Pomodoro tiene que sentirse capaz de pasar de 0 a 100 en poco tiempo, y yo no era de esos. Me explico, si tardas media hora en estar del todo concentrado, cuando lo hayas conseguido ya tienes que parar a descansar, y vuelves a perder algo de fuelle, haciendo por consiguiente que tu rendimiento total se reduzca. En cambio, si nada más sentarte en el escritorio te pones en modo “trabajo” y eres productivo a tope, no perderás el tiempo porque en esos 25 minutos te habrá cundido. Para mi desgracia, yo soy de ese primer grupo, así que puedo decir que muchos pomodoros los pasé mirando a la pared: para mí, el tener un límite de tiempo no era un incentivo así que no cambiaba nada.

Todo esto por no añadir que, una vez que me pongo a descansar me es difícil ceñirme a los 5 minutos, porque siempre acabo encontrando algo más interesante, o más urgente, o contestando WhatsApps o cualquier cosa más mejor  (no miréis así que estoy seguro de que a muchos os pasa ¿o me equivoco?). Por último, también me sorprendí más veces de las que me gustaría mirando el reloj para ver cuánto faltaba de sesión o qué tal iba, y haciéndome mis cálculos.

Por tanto, si sumamos que me cuesta un rato concentrarme, que nunca quiero parar a descansar cuando se supone que debo y que una vez que me pongo siempre son más de 5 minutos, cualquiera puede deducir fácilmente que yo, la técnica Pomodoro como tal no hago. En resumen, que este sistema y yo no podemos llevarnos bien, pero que lo importante es que me haya dado cuenta y que no vaya a seguir aferrándome a él, y aún menos vaya a empezar a culpabilizarme por no saber hacerlo bien.

En todos los años que he pasado primero en el instituto y después en la Universidad he podido darme cuenta de que cada persona tiene una forma de trabajar diferente, desde el chico que estudiaba todos los días una hora porque era incapaz de estar más tiempo sentado hasta el que podía empollarse todos los temas la noche antes del examen, pasando por los que duermen poco, por los que no toman apuntes, por los que se hacen hojas y hojas de resúmenes y esquemas, por los que sólo se miran los exámenes anteriores…Todas estas estrategias tienen sus pros y sus contras, y es obvio que no todas sirven para todas las situaciones, pero de esto podemos extraer que cada uno trabaja de una manera, y que una vez que te has acostumbrado, cuesta mucho cambiar y seguir siendo igual de efectivo.

Si a ti no te funcionan los consejos que doy yo, o que da cualquiera, lo último que tienes que hacer es creerte inútil por no saber aplicarlos. No. Lo que tienes que hacer es lo que yo he hecho, analizar por qué no te sirven y buscar otros con los que te sientas a gusto y productivo. Eso no quiere decir que te quedes estancado en una sola estrategia: en el campo de la productividad lo máximo que puedes perder por probar algo es un poco de tu tiempo, y eso ni siquiera es tan grave si tenemos en cuenta que si te sale bien puedes ganar mucho.

Y bueno, creo que esto ha sido todo lo que tenía que decir hoy, así que, como siempre, aquí va el resumen de rigor: Pomodoro, una técnica en realidad muy bien pensada, no me funciona porque me cuesta concentrarme, los períodos de tiempo me parecen cortos y siempre acabo saltándomelos. Pero es muy personal, si a vosotros os funciona ¡me alegro mucho! y si no, a probar cosas nuevas y a identificar lo que nos sirve.

Recordad, si os ha gustado ¡compartid! que me hacéis un gran favor, si queréis añadir algo o contarme cuáles son las estrategias que mejor os funcionan ¡comentad! que también me hace mucha ilusión. ¡Hasta pronto! 😀

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8 comentarios el “Análisis: ¿por qué no me funciona la técnica Pomodoro?

  1. GuilleJiCan
    diciembre 10, 2015

    Tu problema con el pomodoro es que no necesitas en absoluto el pomodoro. Una de las recomendaciones es que amplíes el tiempo de trabajo (la propia técnica ya indica que el 25 es el estándar pero que es flexible), otra que deseches el pomodoro directamente. Por lo que cuentas, en tus periodos largos alcanzas el “flow”, que es aún mejor para la productividad. Dos horas de trabajo, por ejemplo, te vendrían bien.

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    • soyperry
      diciembre 10, 2015

      Creo que tienes toda la razón, y de hecho fue lo que hice, dejar de hacerlo. La verdad es que sí prefiero estar un buen rato sentada, sobre todo cuando tengo que estudiar. ¡Gracias y saludos!

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  2. NoxObscuria
    diciembre 10, 2015

    ¡Me pasa lo mismo! Yo probé esta técnica con mucha ilusión porque veía que a todo el mundo le iba genial, pero como tú, soy una persona a la que le cuesta un tiempo “pasar de 0 a 100”, y por tanto los 25 minutos se me hacían demasiado cortos, pero también es cierto que es un truco muy bien pensado para otro tipo de gente y que puede funcionar muy bien. ¿Si no funciona? Pues no hay que desesperar, porque cada uno es como es y cada uno encuentra su manera de trabajar.

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    • soyperry
      diciembre 10, 2015

      ¡Pienso exactamente lo mismo! Ya veo que no estoy sola ^^ Muchas gracias por comentar 🙂

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  3. Código y Arte (@codigoyarte)
    diciembre 14, 2015

    Hola. Soy igual. Yo soy tipo diésel: me cuesta arrancar, pero cuando estoy en marcha me cuesta parar y puedo ir a un ritmo muy fuerte por horas.
    Lo malo es arrancar y evitar las distracciones. El día que supere eso, habré vencido completamente la procrastinación.

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  4. Lucas Sánchez H
    diciembre 23, 2015

    A mí nunca me ha servido lo de ponerme límites temporales, ni siquiera lo he intentado porque sé que fracasaría jajaaj. Prefiero que la concentración me dure lo que me tenga que durar, descansar lo que tenga que descansar, y volver. Creo que mientras se llegue al mínimo de palabras que uno se haya puesto, cómo se organicen los tiempos es algo totalmente subjetivo.

    Un saludo y te sigo! ^^

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    • soyperry
      diciembre 24, 2015

      Hay gente que no puede funcionar con mínimos de palabras, no sé. Sí que es verdad que a mí me parece más efectivo pero claro, cada persona es un mundo. ¡Saludos!

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Esta entrada fue publicada en diciembre 6, 2015 por en análisis y etiquetada con .

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